Cartas de desamor.

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-Ya no quiero hacer nada- dijo Elvira al mismo tiempo que se tumbaba en la cama

-¡Ándale! – Le dijo Úrsula mientras le seguía dictando.

Elvira escribía en la computadora: “Querida Juana, no podemos seguir juntos porque el martes tengo un análisis clínico y no creo que estés preparada para los resultados, espero me perdones. Bye”

¿Cuántas nos faltan? –preguntó nuevamente quejándose Elvira

-Esta es la última- contestó Úrsula

-No sé por qué se nos ocurrió aceptar este trabajo, es muy cansado.

-Por qué queremos ir al concierto ¿Recuerdas?- dijo Úrsula mientras preparaba los sobres.

Elvira y Úrsula eran mejores amigos y habían creado un negocio único que al principio empezó como una broma pero luego empezó a ser redituable, no tenían grandes ganancias pero no se requería mucho para poder echarlo andar.

Se dedicaban a escribir y mandar cartas de rechazo. Gente cobarde que prefería gastar dinero a enfrentar a la persona y decirle cosas como que ya no la quería, que ya no quería seguir en esa relación o cosas por el estilo.

Elvira era muy rápido para teclear en la computadora y Úrsula se encargaba de la logística. La idea era que si no querías seguir con una persona pagabas una cantidad y se hacía en computadora, se personalizaba el sobre con algún perfume, se manda y la relación se daba por muerta.

Algunas veces las personas llevaban un casi pergamino diciendo porque rompieron pero otras era tal el miedo o la indiferencia que ellas tenían que redactarlas y era horrible poner cosas tan idiotas como que no eran compatibles de los horóscopos o cosas por el estilo.

Pareciera que la gente no iba a pagar por eso pero resulta que muchos lo hacían o preferían quedar como anónimo y toda información se quedaba en las cuentas falsas que puedes encontrar en el internet.

Empezaron este negocio porque querían ir al concierto de su banda favorita por lo que ningún sacrificio al parecer era suficiente aunque eso implicara romper corazones y tener permiso de entrometerse un rato en la vida de los demás.

Ese día al fin habían terminado de escribir las cartas, faltaba meterlas en los sobres, prepararlas para ser enviadas, generalmente se tardaban dos o tres días en llegar.

Ya era noche y estaban cansadas por lo que solo debían de hacer los últimos pasos y habrían terminado la cansada jornada  de trabajo. Elvira se quedó en su casa mientras que Úrsula regresó a la suya.

En la noche Elvira le mandó mensajes a su novio contándole sobre su día y leyendo sobre él. Llevaban 4 meses y al parecer ambos se sentían cómodos, era lindo tener a alguien en quien contar o alguien con quien poder ir a la feria.

Al otro día Elvira le tocó atender al cartero quien le dio toda la correspondencia de la casa más facturas que nada al verlas se dio cuenta de que estaba uno de sus sobres, se preguntó si no lo había mandado el día anterior pero cuando vio el remitente era ella.

Había recibido el servicio que ella daba de parte de su novio, por primera vez sintió lo que era romperse el corazón, que insensatez la de escribir cartas de desamor y no saber que ella había sido la autora.

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FUENTES: SwissLab, YouTube, BulletJournal 

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